Tiempo

Cruzó, el elefante corazón de azúcar, el río,
una y otra vez.
Para ver a su amiga enjaulada.
Una libélula resignada
a morir en soledad.

Y el agua del río, cristal diáfano,
su corazón desgastaba,
a besos, a mordiscos.

En su camino no encontró piedras,
o centinelas depredadores,
solo aguas de rutina.

Este periplo eterno
agotó su corazón.
Inerme ante el cristal,
su corazón murió sordo.

En la blanca bestia
ya no sobraba amor,
ya no sobraba compasión,
en su mente solo habitan ideas de acero.

Y no volvió a amar
ni a su amiga logró liberar.

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