Hoy me despertó
un trueno que hizo
temblar el firmamento,
como los retumbos
que anuncian:
la primera lluvia de mayo.
Pero me equivoqué,
no son rumores de lluvia
y estoy a mitad de abril,
es fuego,
es pólvora
y hartazgo.
Y vuelo por las calles,
torrenteras de miedo,
hambre y valor.
Y huelo hecatombes de caucho
y acero retorcido,
que expelen mefíticas sombras
sobre el holliniento horizonte.
Siento la represión
en el ardor de garganta
y el dolor de oído.
El viento me cuenta:
“Estamos llegando al final de la calle
y no vinimos a sufrir pueril discurso”.
Esta vez las bombas no anuncian
cumpleaños,
pregonan el nacimiento de un GRITO
iracundo
que la puérpera patria
alimenta con la indolencia
del que no se sabe parricida.
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